Por: Pastor David Rodríguez

Cuando ya no me queda aliento, tú me muestras el camino…

Sácame de la prisión, para que alabe yo tu nombre. Los justos se reunirán en torno mío por la bondad que me has mostrado. (Salmos 142:3, 7 NVI)

Todos necesitamos experimentar libertad de la aflicción y la culpa. En la vida, herimos y somos heridos. Todos llevamos heridas, nos golpea el desaliento, la desesperación. Manejamos el cansancio emocional, el fracaso, las frustraciones, el miedo. Acumulamos escombros en nuestro interior. De allí la necesidad de restaurar regularmente el corazón. La Bíblia nos muestra el camino para ser libres de la culpa y la aflicción. Dios quiere llevarse ese escombro emocional. Él quiere liberar tu alma. ¿Cómo lo hace? Cuando le permites a Dios hacer cambios en tu vida.

Nada ata y aflige más rápido a una persona que la culpa. La culpa y el resentimiento causan aflicción y éstas nos imposibilitan vivir plenamente. Así lo expresó David: “Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; Como carga pesada se han agravado sobre mí. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día” Sal. 38:4,6

¿Cómo librarte de la culpa? Hay algunas formas que no funcionarán: Puedes negarla, pretender que no existe. Atenuarla, “No fue nada, hay cosas peores”. Racionalizarla “Todos lo hacen.”Justificarla con el comportamiento de otro. Proyectarla, culpando a otras personas. Autocastigarte, pero ninguna de estas cosas funciona. Hay solo una solución para la culpa y la aflicción, entregársela a Dios, Él es el único que puede quitarla.

La Bíblia dice: “Todos hemos pecado… aún así, Dios nos declara inocentes solamente si confiamos en Jesucristo, quien en su misericordia nos libera de nuestros pecados.” Romanos 3:23-24

En ocasiones, la aflicción no viene por nuestra responsabilidad. Algunas veces tienes aflicción por cosas que no has hecho, o al ver las heridas de otras personas. Mientras estemos en la tierra habrá aflicción, soledad, quebrantamiento, desesperación. Algunos dias experimentarás tristeza, pérdida ó pesar. ¿Qué hacer cuándo tu corazón se está quebrantando? ¿Qué hacer cuando el pesar te agobia en la vida? ¿Compadecerte de tí mismo? ¿Aislarte? ¿Esconderte en una cueva? Hay otras opciones. Puedes permitirle a Jesús que libere tu alma de la aflicción.

David, quien estaba muy familiarizado con la aflicción, entendió cuánto nos afectamos cuando estamos heridos. El dijo: Sácame de la prisión. Salmo 142:7 “Ten misericordia de mí, Oh Jehová, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.” Salmo 31:9 De su vida aprendemos el camino para liberarse de la aflicción.

“Entonces David se levanto de la tierra… El dijo, `Mientras el niño estaba vivo, yo ayunaba y lloraba… Más ahora que ha muerto, para que he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver a la vida?” 2 Samuel 12:22-23.

Por más afligido que te encuentres no vas a cambiar el pasado. El primer paso para la liberación, para la salud emocional, la sanidad y liberación es la aceptación. Acepte lo que no puede cambiar. El versículo 20 dice: “Después se lavó, se puso sus lociones, se cambió sus ropas, y fue a la casa del Señor y adoró.” 2 Samuel 12:20

En lugar de enfocarte en la aflicción, entrégala a Dios. En lugar de lamentarte ora “¡Dios, ayúdame a pasar a través de esta situación!” Asiste a la iglesia, adora a Dios, y tendrás una nueva perspectiva y fuerzas para continuar.

2 Samuel 12:24 “Entonces David consoló a Betsabé y llegándose a ella durmió con ella, y ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón..” Puede que estés pasando por un pesar. Pero Dios no ha terminado contigo. Este no es el fin. Aunque duele, no tiene que devastarte. Enfócate en lo que tienes y no en lo que hayas perdido.

Así dice la Biblia: El SEÑOR me ha enviado a decir a los que lloran que ha llegado para ellos la hora de la compasión de Dios… A todos los que guardan luto les dará: belleza en vez de cenizas, júbilo en vez de llanto, y alabanza en vez de abatimiento. (Isaías 61:2-3 NBD) vivir en aflicción es opcional. No tienes que seguir siendo prisionero de la aflicción.