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Usted puede vivir cuarenta días sin comer. Usted puede vivir 8 minutos sin aire. Pero usted no puede vivir un solo día sin esperanza. La esperanza es vital, es esencial. Los médicos han llegado a la conclusión que la mejor medicina que pueden impartir…la mejor medicina que pueden dar, es la esperanza. Algunos han dicho, que nunca se debe quitar la esperanza a un paciente, porque cuando un paciente pierde la esperanza, estamos colocando un clavo en su féretro. La mejor medicina; la fuerza más grande que le puedes dar a una persona, es esperanza. Jesucristo vino para traer esperanza a los corazones de los seres humanos. Es la razón por la cual estamos aquí en esta mañana.  La razón que nos convoca aquí es porque Jesucristo vino, para darnos algo que nosotros necesitamos desesperadamente. Estamos en un mundo, en un siglo veintiuno que está lleno de pesimismo; de fatalismo. Un siglo veintiuno lleno de tendencias y pensamientos que llevan a las personas a la depresión, y hunden a las personas en la esclavitud de la desesperanza. Es un siglo veintiuno marcado por la tendencia a la preocupación, a la ansiedad y a la desesperación. Las personas ya no encuentran en que colocar su esperanza. Ya no encuentran en que cifrar sus vidas. Por eso, Jesús vino a esta Tierra. Vino para mostrarnos a nosotros donde se encuentra la verdadera esperanza. Yo creo que todos los que estamos aquí en esta mañana debemos reconocer que la humanidad necesita esperanza. Por eso, el tema de esta mañana es: “Esperanza para toda la humanidad”. La Semana Santa se trata de esperanza. La Semana Santa se trata de cifrar esperanza en los corazones de las personas. La Semana Santa no es para las personas justas. La Semana Santa no es para las personas rectas. La Semana Santa no es para las personas moralistas. La Semana Santa es para los pecadores; para los desesperanzados…para los injustos. La Semana Santa es para las personas que están lejos. La Semana Santa es para las personas que están agobiadas…oprimidas…cansadas…abatidas. La Semana Santa es para las personas que caminan por esta vida sin sentido sin significado. La Semana Santa es para las personas que caminan con un vacío interior. Infelices…cargados por la infelicidad. Para ellos es la Semana Santa. Jesucristo vino para buscar y para salvar aquello que se había perdido. Si usted se encuentra en angustia, si usted se encuentra cansado…se encuentra trabajado, se encuentra oprimido…se encuentra desesperanzado…se encuentra en medio de un callejón sin salida, Cristo vino para usted. La Semana Santa es para usted. La Semana Santa es para las personas que reconocen que necesitan a Dios, y para ellos es la Semana Santa. Pero hay cosas que nos hacen perder la esperanza…hay cosas que nos hunden en la desesperación. Esas cosas que nos hunden en la desesperación, son aquellas que esperamos que cambien y no cambian. Una de las cosas que mas hunde a los seres humanos en la desesperación es cuando esperan que las situaciones cambien y no cambian. Cuando esperas que las personas cambien y no cambian. Cuando esperas que la gente a tu alrededor cambie y no cambia. Te sientes imposibilitado de ver esos cambios que estás esperando. Las circunstancias no cambian, deseas cambiarlas pero no tienes el poder para cambiarlas. Entonces comienzas a perder la esperanza. Personas que piensan que su matrimonio ya no tiene solución, pierden la esperanza, cuando ven que ya no tienen la posibilidad de recuperar o de restaurar su matrimonio. En esos momentos la esperanza se pierde. Cuando ve que no funciona, cuando ve que se esfuerza pero no logra que funcione, las personas pierden la esperanza. A pesar de buscar consejeros, buscar ayuda, buscar asesoría.. y no se logra el cambio, entonces las personas pierden la esperanza. Se pierde la esperanza también cuando los padres envejecen, caen enfermos y no podemos hacer nada por ellos…la esperanza se pierde. Cuando vemos a nuestros hijos quizás tomar un camino que no queríamos para ellos, y toman el rumbo equivocado para sus vidas, y no está en nuestras manos poder corregirles el rumbo, la esperanza tiende a perderse. Las personas tienden a hundirse en la desesperación cuando ven que su vida económica no mejora. Cuando ven que su vida laboral no mejora. Cuando colocan resumés y resumés en diferentes lugares pero las puertas no se abren, las personas tienden a caer en desesperanza. Cuando las proyecciones económicas del gobierno, las proyecciones económicas para el país no son alentadoras e implican sacrificios, esfuerzos, recortes, reducciones de ingresos, las personas comienzan a perder la esperanza.  La esperanza se pierde cuando las cosas que están a nuestro alrededor no cambian y deseamos que cambien. La esperanza se pierde cuando quieres cambiar y no cambias. Cuando tú mismo quieres cambiar y no cambias, la esperanza comienza a perderse. Cuando quieres ver en tu vida el progreso, cuando quieres ver en tu vida el desarrollo, el crecimiento personal…pero no lo ves…pero no lo ves…y te esfuerzas, la esperanza comienza a perderse. Hay muchas cosas en la vida que hacen que la esperanza se pierda. Cuando inviertes esfuerzos, inviertes tiempo, inviertes energías en algo pero no ves frutos; no ves cambios, eso produce desesperanza. Otro elemento que produce desesperanza en la vida de las personas, es la falta de sentido y de propósito en la vida. Cuando no sabes para qué estás viviendo, ni porqué estás viviendo, puedes levantarte en la mañana para ir al trabajo; puedes conseguir hacer una familia… puedes casarte, tener tus hijos, tener tu trabajo, tener tu profesión, graduarte de la universidad, tener tu empresa, tener tu negocio, tener tus ingresos, pero a pesar de eso…no sabes para qué estás viviendo. Las personas caminan sin sentido; caminan si propósito. Se levantan en la mañana pero necesitan un por qué; necesitan un para qué. Más que para ir al trabajo, más que para ir a la rutina de la semana…más que eso, necesitan un significado superior, y cuando ese significado no está, las personas caen en desesperanza. Se encuentran vacíos, a pesar de que les rodean muchas cosas buenas, se encuentran vacíos, y se encuentran sin esperanza. Cuando no le encuentras sentido a tu vida, la desesperanza llena el corazón. La desesperanza cae en el corazón, pero Dios dice que él está pensando en ti. Pero Dios dice que él tiene buenos pensamientos para ti. Dios dice que cuando él piensa en ti, no piensa en tus errores; no piensa en tus pecados. Cuando Dios piensa en ti, él está pensando en los planes que tiene para contigo; en los propósitos que tiene con tu vida. Cuando Dios piensa en ti, no piensa en cuanto te equivocaste; cuando caíste…cuando cometiste un error. Cuando Dios piensa en ti, está diciendo: “yo tengo buenos propósitos para su vida”. Dios creó al hombre con un plan, porque Dios nunca hace algo sin un propósito detrás. Dios nunca crea nada, sin un propósito. Dios crea, todo lo que hace, todo lo que él ha hecho, lo ha creado con una razón y con un significado. De manera que, si puedes descubrir, cual es la razón y cual es el significado por el cual Dios te creó, vas a encontrar esperanza; vas a encontrar fuerzas. Dios dice que tiene buenos pensamientos para ti. Yo quiero que lo veamos en la palabra de Dios, en el libro de Jeremías, capítulo veintinueve y versículo once. Jeremías 29:11 dice que está pensando Dios acerca de ti, que piensa Dios contigo; cuales son sus pensamientos. Dice la Biblia en Jeremías 29:11 lo siguiente: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes…”. Dios dice: “Yo sé muy bien…yo sé muy bien. El punto es que las personas lo ignoran. Pero Dios sabe muy bien los pensamientos que tiene para cada uno de nosotros. “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el SEÑOR-, planes de bienestar y no de calamidad. Los planes que Dios dice que tiene para ti…Dios quiere darte un futuro seguro, y quiere darte una esperanza. Ese es el plan de Dios para ti. Él quiere darte esperanza en medio de tu necesidad, de tu crisis, de tu dificultad, de tu problema, de tus circunstancias personales o relacionales, Dios quiere darte una esperanza firme y un futuro. Establecido en la palabra de Dios, Dios está pensando en ti, y Dios está pensando en los planes que tiene para contigo. Esto puede dar esperanza a las personas, aunque la vida cambie. La esperanza es como cuando anivelas los hoyos que hay en un techo. Los techos en Puerto Rico tienden a quebrarse, por el clima que tenemos. Cuando tiramos el hormigón en los techos, tratamos de que sea lo más nivelado posible, pero siempre se nos queda algo; siempre hay un desnivel. Por eso venden los productos de paila, para darle nivelación al techo. Porque hay desniveles, en la vida hay desniveles. La vida tiene cambios. En la vida vamos a encontrar que no todo funciona como esperamos; no todo resulta como pensamos. En la vida experimentamos cambios y vienen los desniveles…Al transitar de nuestra vida vienen esos desniveles. La pregunta es: ¿Dónde está nuestro fundamento cuando el desnivel llega?. La esperanza es como anivelar el techo. Eso es esperanza… ponerlo derecho; ponerlo recto. ¿Cómo podemos poner recto nuestro camino?. Lo podemos poner recto, cuando ponemos nuestra mirada en Dios. José tuvo muchas experiencias en su vida…De rechazo, de maltrato, de violencia, de “bullying”, heridas, palabras hirientes, sus propios hermanos lo vendieron. Para José la vida no fue fácil. Pensar en esperanza en la vida de José es un poco difícil, es un poco complicado. Cuando él piensa que la vida le va bien, llegó a la casa de Potifar, y a pesar de que está solo, a pesar de que está vendido como un esclavo, pudo ver lo que Dios estaba haciendo. José podía decir: “ahora estoy bien”. Pero cuando viene el desnivel… ahora está en la cárcel. Los desniveles llegan, y no importa si somos buenos o malos, los desniveles llegan…y llegó el desnivel a la vida de José. ¿Qué fue lo que hizo que José tuviera esperanza?. Pues, en el capítulo cuarenta y cinco de Génesis, verso 5 nos dice la razón por la cual José cruzó los desniveles de la vida y llegó a cumplir el propósito de Dios. Veamos Génesis cuarenta y cinco verso 5: “Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad (en otras palabras la esperanza se centra en nuestra perspectiva y en como estamos viendo la vida; como estamos viendo las circunstancias. José sabe que hay un plan; José sabe que Dios tiene buenos pensamientos para él, y aunque la vida cambie, José sabe que Dios tiene buenos pensamientos para él…porque Dios te habla de su propósito. Aunque el proceso fuera duro, Dios te habla de su plan. Aunque el proceso sea difícil, Dios te habla de la meta que tiene contigo. Entonces José puede reconocer y puede decir: …Fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas”. El está diciendo: “Hay un plan de Dios…y como mi esperanza está en el plan de Dios, las circunstancias no van a llevarme a la desesperación”. Vean lo que dice en Génesis 45:6 “Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas”. El versículo 7 sigue diciendo: “Por eso Dios me envió delante de ustedes (está diciendo que todo lo que sufrió, todo lo que vivió, que toda la angustia que experimentó, todo eso fue parte de un plan. Dios tenía un plan, y aunque él no lo entendió en unos momentos, el plan de Dios para él era bueno. Como es el plan de Dios para ti; es bueno, aún en medio del momento difícil que puedas vivir hoy. No sé que usted esté viviendo, no sé que momento usted esté viviendo. Puede ser que usted se sienta cómodo; a lo mejor se siente bien. A lo mejor se siente satisfecho con la vida que está viviendo. Pero la realidad es que la vida cambia, y cuando la vida cambie… ¿Dónde estará tu esperanza?, ¿Dónde vas a apoyarte…? ¿Dónde vas a refugiarte?. Cuando este mundo comience a convulsionar… ¿Dónde vamos a refugiarnos? Cuando este mundo siga sacudiéndose, y esos sacudimientos lleguen a nuestra Isla, ¿dónde va a estar nuestra esperanza?, ¿dónde va a estar nuestra ancla?. Cuando la vida cambie, (y nos puede cambiar en un segundo…) ¿dónde va a estar nuestra esperanza?. José está diciendo: “Todo esto que ha sucedido, Dios lo ha usado para bien porque Dios tiene un plan, y cuando Dios tiene un plan él toma en consideración todos los detalles; todas las situaciones. A Dios no lo sorprende nada. Dios tiene un plan, y en el plan de Dios están todas las circunstancias, todos los desniveles, todas las situaciones. Todo lo que ocurre ya ha sido previamente visto por Dios. Dios tiene un plan bueno para ti”. No importa lo que estás viviendo, Dios tiene un plan bueno para ti. ¿Cómo puedes rescatar tu esperanza, cuando pones tu mirada en el plan de Dios?. Dios tiene un plan bueno para ti. Él lo ha dicho: “Quiero darte un futuro, y quiero darte esperanza”. Dios nunca nos prometió una vida fácil. Al contrario, él dijo: “En el mundo tendrán aflicciones…”, pero él dijo que en medio de las aflicciones, podemos tener esperanza, porque él tiene un plan para nuestras vidas. En ese plan podemos cifrar nuestra esperanza. José está diciendo en el verso 8, capítulo 45 del libro de Génesis: “Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto”. Las anclas espirituales hay que tenerlas. Hay que tener el ancla, donde colocar nuestra esperanza. Si vives la vida sin anclas, la vida misma te va a consumir. Pero si tienes anclas, y el ancla más poderosa es la esperanza puesta en Dios, entonces podrás cruzar los momentos adversos, los momentos difíciles… con un futuro claro en Dios, y con una esperanza firme. El Salmo125:1 dice una gran verdad, y muchos de nosotros conoce una canción, un coro con ese Salmo que dice “Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre”(RVR). La Nueva Versión Internacional (NVI) dice: “Los que confían en el Señor son como el monte de Sion, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre”. Colocar la confianza en el Señor, en medio de los cambios de la vida, produce esperanza. Esa esperanza es firme, esa esperanza es sólida, esa esperanza puede ayudarnos a cruzar las adversidades. Hay una respuesta poderosa en Isaías 54:10 sobre donde debe estar nuestra esperanza. “Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz, -dice el SEÑOR, que de ti se compadece-. (NVI)”. Él está diciendo: “las colinas pueden cambiar, los montes pueden cambiar, pero mi amor por ti; mi pacto de fidelidad por ti, jamás cambiará”. Puedes perder el trabajo, puedes perder la salud, puedes perder los amigos, puedes perder tus relaciones más significativas…pero el pacto de Dios; el fiel amor de Dios, jamás cambiará. Si miras al cielo, si miras a Dios que te creó para amarte, que te creó para que tuvieras una relación personal con él…que te creó para que pudieras establecer con él una relación. Esto es más que religión… es más que una experiencia religiosa. Esto es una relación con Dios, con un Dios que nos creó para que lo conociéramos, para que lo amáramos, y para que estableciéramos con él una relación de padre e hijo. Dios dice que quiere darte un futuro y una esperanza firme y segura en medio de los cambios de la vida. Apocalipsis 3:20 dice lo siguiente: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo (NVI)”. No está diciendo: “cuando arregles todo en tu vida, entonces ven”. Lo que está diciendo es: “Ven cuando te llamo”. Él está llamándote. No estás aquí por causalidad. No llegaste aquí sencillamente porque alguien te invitó. Detrás de esa invitación está el plan de Dios. Dios que te conoce, Dios que sabe todo acerca de ti…Dios que conoce tus tristezas, tus angustias, tu dolor, tu enfermedad, tus problemas. Dios que conoce todo lo que hay en tu mente, tu tensión mental, tu angustia emocional. Dios que conoce toda tu realidad existencial. Dios que te conoce tiene un plan para tu vida, y te trajo hoy a este lugar. Te dice: “No tienes que esperar a hacer arreglos en tu vida para aceptar mi llamado y mi invitación”. El Señor te dice: “Yo te estoy llamando”. Él te dice: “Mira que yo estoy a la puerta, y estoy llamándote. Te estoy llamando para que me abras la puerta”. Porque él no va a abrir la puerta. Hay cosas que Dios hace, y hay cosas que Dios espera que tu y yo hagamos. Lo que nosotros podemos hacer es responder a su llamado, cuando él nos llama y abrir nuestra puerta; abrir nuestro corazón, para que él entre ahí. Porque no habrá un cambio real, a menos que Jesús entre. El punto es, no podrás hacer cambios en tu vida por ti mismo. Necesitas dejar entrar a Jesús, y permitirle a él hacer en tu vida lo que él quiere hacer. Los planes de Dios están disponibles para toda persona que acepte la invitación…que acepte el llamado; acepta el toque de gracia, el toque de Dios. Un solo toque de Dios puede hacer un milagro. Un solo toque de Dios puede hacer una maravilla en la persona. Un toque de Dios es milagroso. Un solo toque de Dios puede derribar las angustias, puede derribar el dolor. Un solo toque de Dios, puede levantarte de la postración y desesperanza. Un solo toque de Dios si sencillamente abres tu corazón, y permites que él toque tu corazón, que él entre a tu corazón…un solo toque de Dios va a hacer la diferencia. Jesús vino para librarte de la desesperanza. Jesús vino para romper las cadenas de la desesperación. Si lo dejas entrar en tu corazón, hay algunas cosas que vas a perder. Lo primero que vas a perder es el dolor de tu pasado. Apenas dejes a Jesús entrar a tu corazón, vas a perder el dolor del pasado. Vas a perder la amargura del pasado. Hay otra cosa que vas a perder cuando dejes a Jesús entrar en tu corazón. Cuando él entre en tu corazón vas a perder la angustia que te produce el día de hoy, porque vas a reconocer que ahora tienes un dueño, ahora tienes un Señor que está a cargo de tu vida. Por lo tanto, ya no tienes que preocuparte. Jesús está al mando, Jesús está en control. Así que, si lo dejas entrar, vas a perder muchas cosas. Otra cosa que vas a perder es el miedo al futuro; es el miedo a la muerte. Cuando dejes a Jesús entrar en tu corazón, vas a perder el temor al mañana, vas a perder el temor al futuro. Vas a decir: “No importa lo que pase, estoy en las manos de Cristo. Jesús está conmigo, y él me tiene en sus manos. No importa lo que suceda, no hay forma de que me salga de sus manos. Porque el Padre dice que las ovejas que Él pone en sus manos, nadie podrá arrebatárselas de ahí”. Por lo tanto, cuando abres tu corazón a Jesús vas a perder el miedo al futuro, vas a perder el miedo a lo que pueda suceder. Vas a tener esperanza, va a irse la desesperación; va a irse el dolor del pasado…y vas a tener la fortaleza para vivir el presente y la seguridad de que ahora no estás solo en esta vida. Ahora caminas con uno que es poderoso que vivió esta vida como tu y yo, y venció todas las circunstancias de esta vida, para ayudarnos a nosotros a vencer. Tenemos a alguien que ya hizo el camino y ya lo recorrió completo de principio a fin. Ese que hizo el camino completo de principio a fin, nació y murió todo el recorrido completo: angustia, dificultades, necesidades, tensiones, enfermedades, depresiones, soledades, todas tus cargas; todo lo vivió de principio a fin. Pero murió, y su muerte no marcó el final de su vida, sino por el contrario, la muerte fue cambiada en RESURECCIÓN, ya ahora vive para decirte a ti: “Si me invitas a tu vida, te voy a acompañar a hacer el camino de principio a fin. Si me invitas a tu vida, te voy a acompañar hasta tu último aliento. Tu último aliento, no será el fin de tus días. Porque estando conmigo y des tu último aliento, tus ojos se abrirán para verme ahora por toda la eternidad”. Ese es el mensaje de Jesús. Eso es lo que Jesús quiere…que en esta mañana abras tu corazón a él, y le permitas entrar a tu corazón, porque te aseguro que hay muchas cosas que vamos a perder cuando dejas que Jesús entre a tu vida.