Por: Pastor David Rodríguez

Jesús vino a liberarte del dolor.

Cuando Jesús lo vio allí, tirado en el suelo, y se enteró de que ya tenía mucho tiempo de estar así, le preguntó: —¿Quieres quedar sano? (Juan 5:6 NVI)

La Biblia es el manual de instrucciones para vivir, en ella se encuentran principios para aplicar a todas las dimensiones de la vida, incluso, en cómo manejamos el dolor. En este mundo experimentaremos dolor, no podemos evitar que llegue a nuestras vidas, pero sí podemos decidir ser libres del dolor.

El incidente de Juan 5 nos muestra varias verdades

  1. Ser libre del dolor es una decisión. La pregunta de Jesús (¿Quieres ser sano?) infiere que debes hacer decisiones que te lleven a experimentar libertad del dolor.
  2. Jesús conoce tu dolor. (Jesús lo vió, Jesús se enteró). No solo conoce tu dolor, el experimentó tu dolor. El profeta Isaías lo describe como “varón de dolores y experimentado en quebranto”. El conoce el dolor de tu pérdida, cualquiera que ésta sea, de salud, relacional, económica. El fue ungido por Dios y vino precisamente a sanar los corazones heridos.
  3. Puedes elegir continuar “tirado en el suelo” o puedes decidir levantarte y continuar viviendo.

 

No todo es negativo cuando se trata del dolor. El dolor tiene lados positivos. Hay algunas verdades que no aprendemos hasta que llega el dolor, éste nos hace más perceptivos, más sensibles a la voz de Dios. El dolor puede llevarnos a depender más de Dios y poner nuestra esperanza en El, además nos identifica con los que sufren dándonos la oportunidad de ministrarles. Las experiencias de dolor que hemos vivido nos capacitan para bendecir a otros.

La Bíblia enseña que podemos experimentar libertad del dolor sin tener que ocultarlo, negarlo, reducirlo o postergarlo. Cuando el dolor se encierra te destruye a ti y a los que te rodean. El tiempo no sana el dolor. El dolor llega como algo instantáneo, pero no se es libre de él instantáneamente.

Para ser libre del dolor necesitas aceptarlo. Necesitas tomar tu espacio para lamentarlo (Por alguna razón hay un libro en la Bíblia con el nombre Lamentaciones) no es queja, la queja Dios la repudia. Sin embargo, el mismo Jesús pasó por un momento de lamento intenso en el Getsemaní. Dios no reprocha que te lamentes. El lamento es parte del proceso para liberarte del dolor. Puedes llorar tu dolor y Dios no censurará tus lágrimas.

En el libro de Juan 16:20 Jesus nos da una gran esperanza. Nos dice que para ser libres del dolor, debemos pasar el proceso del dolor. “Ciertamente les aseguro que ustedes llorarán de dolor, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría. La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser. (Juan 16:20-21 NVI)

Decide no enfocarte en el dolor, enfocarte en él lo exagera, elige no resentirte, el resentimiento prolonga el dolor. Luego del proceso del dolor viene la alegría, algo nuevo está haciendo Dios. Con el tiempo experimentarás la alegría si aceptas el proceso ahora. Puedes sanar tu futuro si procesas el dolor hoy.